El museo funciona en el histórico edificio de una antigua sidrera, un emblema de la identidad productiva de la ciudad que fue recuperado y puesto en valor para transformarse en un moderno centro de interpretación dedicado a la cultura del vino y la sidra en Río Negro.
El recorrido invita a conocer más de un siglo de historia productiva del Alto Valle a través de objetos, fotografías históricas, herramientas utilizadas en las cosechas y elementos originales vinculados a la actividad. Entre sus propuestas se destacan recreaciones de espacios de trabajo, como un laboratorio enológico de época y una oficina administrativa con máquinas y documentos que formaron parte del funcionamiento de las bodegas en décadas pasadas.
Para el Ministro de Desarrollo Económico y Productivo, Carlos Banacloy, el museo representa también un reconocimiento a uno de los pilares que impulsaron el desarrollo agroindustrial de la provincia: el cooperativismo. A través de este modelo se consolidaron gran parte de las actividades vinculadas a la fruticultura, la vitivinicultura y la industrialización que marcaron el crecimiento del Alto Valle, junto con la instalación de los primeros galpones de empaque y bodegas.

El espacio también pone en valor una identidad profundamente ligada a la elaboración de sidra y vino, actividades que forman parte de la historia productiva de la región y que tuvieron a Villa Regina como uno de sus centros más importantes. En ese proceso se destaca el trabajo de grandes cooperativas, como la histórica Reginense, y el esfuerzo de generaciones de productores que consolidaron estas actividades en el territorio.
Banacloy señaló además que el museo permite mostrar no sólo la historia, sino también el presente y el futuro de la vitivinicultura rionegrina. Hoy la Ruta del Vino de Río Negro reúne a más de veinticinco bodegas que representan la actualidad de esta producción, muchas de ellas proyectos familiares atendidos por sus propios dueños, que reflejan una forma de producir muy característica de la provincia.
Gran parte de estos emprendimientos surgieron a partir de productores frutícolas que diversificaron sus sistemas productivos incorporando la vitivinicultura, consolidando así un modelo que combina tradición, innovación y agregado de valor en origen.
Además de rescatar el patrimonio histórico de la región, el museo busca fortalecer la diversificación de la oferta turística del Alto Valle y consolidar a Villa Regina como una de las puertas de entrada al enoturismo patagónico.
De esta manera, Villa Regina suma un nuevo atractivo que combina historia, identidad productiva y experiencia turística, posicionando al valle rionegrino no sólo como una región de producción frutícola y vitivinícola, sino también como un destino para descubrir la cultura del vino en la Patagonia.